Siempre hay otras opciones

Tiene poco tiempo que me despidieron de mi empleo, mis ahorros ya se empiezan a terminar; así que decidí empezar un nuevo negocio, siempre que tengo reuniones con mi familia yo como postre les hago palomitas dulces de colores,  le encantan; fue así que en eso me base para empezar mi pequeño negocio.

Comencé solo ofreciendo palomitas con caramelo entre mis vecinos y amigos e incluso mi familia también se han vuelto clientes apoyando a la causa, una ocasión compre un poco más de materia prima y me salieron como diez bolsitas de más, pero yo ya tenía establecida mi ruta solo que ese día decidí hacer un pequeño cambio camine esta vez como cinco calles más hasta que llegue sin querer a un deportivo, había mucha gente, les ofrecí de mi producto y la verdad me fue súper bien termine todas mis bolsas que llevaba.

Estaba convencida que esto me remuneraría el dinero que yo necesitaba para salir adelante, llevaba una libreta con mi contabilidad para tener un control de mi misma, pasaron los meses y mi negocio ya había crecido un poco más ahora ya les surtía a dos tiendas de la colonia para que ellas revendieran, eso era una entrada más, mi primer objetivo fue comprarme otro refrigerador porque el que ya tenía estaba ya muy viejo y empezaba a fallar así que quería uno nuevo.

En una tarde libre, me fui a ver en algunas tiendas para comparar los precios,  escogí uno, el precio que el vendedor me daba a crédito me pareció muy elevado, eran casi dos mil pesos de diferencia con el precio de contado.

Me esforcé mucho y todos los días salía a vender mis palomitas, cuando regresaba cada tarde hacia cuentas, apartaba el ahorro de mi refrigerador y después de mucho esfuerzo por fin llego el día, ya había ahorrado lo suficiente para comprarlo, no espere más, fui a la tienda a comprarlo, tenía mucha emoción por que era el esfuerzo de mucho tiempo, el vendedor me dijo que lo enviarían a mi domicilio al otro día y efectivamente así fue, por fin ya lo tenía en casa y verlo ahí, me provocaba una alegría muy grande.

Seguí con mi ahora mediano negocio, porque ya había crecido considerablemente, al grado de poder adquirir ya con mayor facilidad algunos otros muebles para mi casa, una tarde como siempre salí a vender, cuando empezó a temblar la gente corría espantada por todos lados, yo con todo y mi susto esperé en un lugar seguro a que pasara para regresar a mi casa.

Entre al edificio donde vivo y observe que toda la estructura estaba muy dañada, se veían las varillas y también el acero de presfuerzo, así lo llamo  un vecino que es ingeniero, mis vecinos también se habían llevado un gran susto, como un poco de trabajo subí hacia mi departamento cuando entre vi que se habían caído algunos de mis muebles, pero es inexplicable lo que sentí cuando vi que mi refrigerador también se había caído, me puse a llorar por algunos minutos sin poderme controlar,  se cayó y las puertas se abrieron provocando que toda la comida se cayera y los cristales  que se usan para separar paneles se habían estrellado, poco a poco me calme y comencé a limpiar, una vecina muy amablemente me estuvo ayudando, estuvimos platicando mientras lo hacíamos, le dije a grandes rasgos porque me sentía tan triste.

Con la plática  reflexione, entendí que mi perdida solo había sido material, que tenía solución, pero que estaba aquí viva y a salvo, que mucha gente lo había perdido todo, hice una oración y espere a que los días pasaran y que todo entrara en calma; fui a buscar a un albañil para que me reparara una pared de la cocina y tendría nuevamente que comenzar.